Por: GABRIELA VIALE (gabriota@adinet.com.uy)
(Para: Econegociosrd.com desde Uruguay)
Desgraciadamente, a pesar de todo el “avance” que ha tenido la humanidad a través de los siglos, no hemos cambiado los métodos usados cuando se trata de obtener dominio y poder. Han cambiado las justificaciones (conquista, independencia, equilibrio de poder, autodeterminación de los pueblos, guerra preventiva, etc.), pero no el medio: la guerra.
Hasta la segunda guerra mundial, la guerra afectaba más que nada a las fuerzas militares. Pero a partir de ella, también los civiles, especialmente niños y mujeres, comenzaron a ser blanco inocente de todas las guerras posteriores. Probablemente para evitar la dura realidad y los remordimientos correspondientes, el eufemismo con que se les llama a dichas bajas inocentes se conoce por “daños colaterales”.
Tengo que confesar que por lo general evito informarme demasiado sobre las guerras porque a pesar de mi duro caparazón exterior, en mi interior mi corazón se encoge cuando escucho de los “daños colaterales”. Y eso fue lo que me pasó hace unos días, cuando abrí el diario y vi con tristeza una foto de una niña muerta en la Franja de Gaza.
No es mi intención definir aquí quien tiene razón en la actual guerra entre Palestina e Israel. Ciertamente no son culpables los niños ni las mujeres. Y con eso me basta.
En el 2007, en la ceremonia de entrega de los Premios Príncipe de Asturias, el premiado escritor judío Amos Oz dijo en su discurso:
“Parte de la tragedia árabe-judía es la incapacidad de muchos de nosotros, judíos y árabes, de imaginarnos unos a otros. De imaginar realmente los amores, los miedos terribles, la ira, los instintos. Demasiada hostilidad impera entre nosotros y demasiada poca curiosidad. Los judíos y los árabes tienen algo en común: ambos han sufrido en el pasado bajo la pesada y violenta mano de Europa. Los árabes han sido víctimas del imperialismo, del colonialismo, de la explotación y la humillación. Los judíos han sido víctimas de persecuciones, discriminación, expulsión y, al final, el asesinato de un tercio del pueblo judío. Cabría suponer que dos víctimas, y sobre todo dos víctimas de un mismo perseguidor, desarrollarían cierta solidaridad entre ellas. Desgraciadamente las cosas no son así, ni en las novelas ni en la vida real. Por el contrario, algunos de los conflictos más terribles son aquellos que se producen entre dos víctimas de un mismo perseguidor. Los dos hijos de un progenitor violento no tienen por qué amarse necesariamente. Con frecuencia ven reflejada el uno en el otro la imagen del cruel progenitor… Esta realidad impone a Europa una especial responsabilidad en la solución del conflicto árabe-israelí: en lugar de alzar un dedo acusador hacia una u otra de las partes, los europeos deberían mostrar afecto y comprensión y prestar ayuda a ambas partes. Ustedes no tienen por qué seguir eligiendo entre ser pro-israelíes o pro-palestinos. Deben estar a favor de la paz.”
Yo estoy a favor de la paz… Y en contra de los daños colaterales.







1 comentarios:
La guerra es el pero invento del hombre es un pena que muera tanta gente inocente en gaza.
ATT, Manuel P.
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