Escrito por: HÉCTOR SILVESTRE Hijo (Hbss30@hotmail.com)
La crisis inmobiliaria fue el detonante de una crisis crediticia, y esta a su vez ha desencadenado una crisis financiera a escala universal.
Ni hablar de la crisis alimentaría, fruto del incremento en los precios de los comestibles, crisis energética, producto del aumento en la demanda del petróleo y sus derivados, crisis medioambiental, como resultado de la elevada combustión de combustibles fósiles y tala de árboles, que se traduce en cambios en el clima o calentamiento global, escasez mundial de agua potable, en síntesis, una crisis de características heterogéneas sin precedentes en toda la historia humana.
Para el colmo el Fondo Monetario Internacional (FMI) ha dicho, a través de su más reciente informe, que “lo peor no ha llegado”.
El cambio brusco en los mercados, agrava, la ya enferma y débil economía mundial.
El acoplamiento del desequilibrio financiero genera una crisis emocional que altera el ánimo y produce un estado de trastorno, angustia y confusión en todas las clases sociales, especialmente en las más desposeídas.
Señores y es que para el pobre lo único que abunda es la escasez.
En tiempos de crecimiento y expansión económica, el abultado capital financiero es posesión exclusiva de unos pocos, y si tú no logras éxito económico, entonces te acusan de que eres un holgazán y un incompetente.
Pero en momentos de crisis, como los que vive la humanidad actualmente, entonces se habla de que tenemos que “sacrificarnos” para salir, “todos juntos”, de la crisis. “La unión hace la fuerza” dice el refrán popular.
Cuando el pastel financiero era abundante y exquisito no fuimos invitados al banquete, ahora, luego de pasado el festín, entonces nos atañe fregar los platos sucios.
Vivimos en un sistema donde impera la iniquidad, hoy se toman medidas diligentes para sosegar la crisis ocasionada por unos pocos, cuando ayer se prolongaron los proyectos de desarrollo de los más necesitados, que son la mayoría.
Se requiere de un nuevo orden financiero mundial, un plan en el que prevalezcan la ética, la moral, la justicia y la equidad.







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